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  Clarín Rural. La columna de la semana.

China, el año del cerdo

Por Héctor A. Huergo

 

Foto: Afirman que la recuperación de las piaras chinas llevará no menos de diez años. Foto: Daniel Acker/Bloomberg
 

En el corto plazo, las consecuencias de la epidemia de Peste Porcina Africana en China son complicadas para la Argentina. El primer efecto fue la caída de la demanda de soja, base de la componente proteica de la alimentación de los cerdos. Esto impacta al interior del campo y puso en alerta a las cuentas macroeconómicas, ya que el complejo soja explica un tercio de las divisas que ingresan por exportaciones.

Pero a largo plazo puede constituir una gran oportunidad. Coincido en esto con Jorge Castro, quien le dio una vuelta de tuerca a un documento del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. El paper sostiene que la recuperación de las piaras chinas llevará no menos de diez años. Para Castro, esto configura una situación de enormes implicancias para la Argentina, y aconseja considerarlo como un tema estratégico.

A veces, los planetas se alinean. China está en plena transición dietética, incrementando cada día más las proteínas animales en la alimentación de su población. Lejos quedaron las hambrunas de los años 60, que llevaron al control de la natalidad. Ya no crecen con ritmo malthusiano. Pero su poder adquisitivo crece sin cesar y, ya se sabe, el consumo de carnes está vinculado al PBI per capita. De manual: hace 30 años consumían 10 millones de toneladas de carne porcina. Ahora llegaron a las 50.

También crecieron el consumo de lácteos, carne aviar y pescado, que ya no viene de la pesca en alta mar sino de la acuacultura. Y más recientemente, le entraron a la carne vacuna, el eslabón más preciado de las proteínas animales. A la Argentina la agarró en un momento crucial. Después del desaguisado de la era K, cuando no se podía exportar y la ganadería vacuna sufrió la pérdida de 10 millones de cabezas, las condiciones cambiaron. Se liberó la exportación, mejoró el tipo de cambio, se recuperó la confianza de los ganaderos y (a pesar de los problemas de competitividad) se inició una incipiente recuperación.

Y llegaron los chinos. En pocos meses, se convirtieron en los principales compradores de carne vacuna. Incluso, llegaron a adquirir algunos frigoríficos. Lo mismo sucedió en los países vecinos.

Y llegó la peste porcina. Escasea el cerdo y sus precios subieron más de un 50% en China y arrastraron al resto del mundo, porque todos saben que van a tener que importar lo que consigan. Y además importarán más carne vacuna y a mejores precios.

Pero la ganadería vacuna es de lento crecimiento. Una vaca produce un ternero por año, y ese ternero llega al mercado un año después. En cambio, el cerdo permite una rápida expansión. Una cerda de buena genética y manejada con criterio moderno, produce 25 capones por año.

Desde hace unos cuantos años, empresarios de primera línea vienen apostando al cerdo, casi como esperando el momento que ahora parece haber llegado. La inversión ha sido muy importante. Hay emprendimientos asociativos, desde cooperativas que integran a chacareros inquietos por agregar valor a sus granos, o corredores de cereales creativos y con el liderazgo suficiente como para convocar a sus clientes.

EEUU vendió esta semana otras 34.000 toneladas de carne porcina a China. Se suman a 54.000 de hace un mes. China ya abrió sus puertas a la carne de cerdo argentino. Esta misma semana ya estaban en China varios dirigentes de Argenpork, un consorcio de cooperación que nació hace menos de dos años, cuando la Argentina no había colocado un kilo de carne en mercado alguno. Lo integran Aceitera General Deheza S.A., Bravestar S.A., Cabaña Argentina (Pacuca S.A.), Jorge Buffa, El Hinojo S.A., Ingacot S.A., Isowean S.A., Porcomagro S.R.L., Santa Fe Agro S.A., Saraelal S.A., Vidra S.A. e Yvate S.A.. Y convocan a los que están y los que están por llegar.

Llueve sopa y los agarra con un cucharón en la mano. Un dato: 2019 es el Año del Cerdo en China.
 



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